El interior del bosque – Eugenio Fuentes

El Interior del Bosque

En la reserva natural de Paternóster muere una mañana, salvajemente asesinada, la joven y bella pintora madrileña Gloria García Carvajal. Para esclarecer los motivos de tan horrible asesinato, el abogado Marcos Anglada, prometido de Gloria, contrata al detective privado Ricardo Cupido. Poco después aparece el cadáver de una excursionista adolescente asesinada de la misma manera y en el mismo lugar. En sus pesquisas, Cupido topará con una variopinta galería de personajes: desde un antiguo profesor de Gloria, de cuya ruptura matrimonial ella es la causa, hasta doña Victoria, que lucha para que le sean devueltas unas tierras. Pero un casual descubrimiento suscitará en Cupido de repente una terrible sospecha.

Segunda entrega de la serie protagonizada por el detective Cupido. Una gran novela negra protagonizada por un amante del ciclismo: ¡Qué más se puede pedir!

“Siempre le había gustado el ciclismo y nunca dejó de practicarlo, aunque de forma esporádica y en recorridos cortos, de cuarenta o cincuenta kilómetros. Ahora que había dejado de fumar estaba dispuesto a disfrutar más con aquellos paseos. Era un deporte lleno de atractivos que enseguida convertía en adeptos a quienes los practicaban. Por una parte, no era aburrido como el footing, exigía menos intensidad y tenía un recorrido espacial más largo que le permitía mayor movilidad, gozar de más variedad de paisajes. Y no había que estar siempre moviendo las piernas. En toda ruta siempre hay una bajada, un descanso. Por otra parte, no requería el largo y tedioso aprendizaje de una técnica hasta llegar al momento de disfrutarlo, como le había ocurrido con el tenis. Montar en bicicleta le parecía algo tan sencillo como caminar. Además no se necesitaba a alguien más para practicarlo: era un placer que se podía gozar solo o en compañía. Por último, pensó cambiando a un piñón más pequeño, al no ser un deporte de enfrentamiento directo con un adversario, no era necesaria la aplicación de todo el brío y la potencia que el tú a tú del fútbol exigían. Cada cual podía dosificarse, ponerse a su ritmo y su meta y llegar a ella cuando quisiera; cada cual podía darse la vuelta y regresar en cuanto advirtiera que el esfuerzo era superior a sus fuerzas.

Le molestaban el trasero y las muñecas y sentía cargadas las piernas dos horas y media después, cuando regresó a casa. Pero estaba lleno de bienestar. Se tumbó unos minutos a recuperarse tomando algo de líquido. Había hecho casi sesenta km y sentía ese cansancio que implica al cuerpo en la misma medida en que distiende el alma. Advirtió que en las tres últimas horas no había pensado ni una sola vez en su trabajo, y que eso le había hecho muy bien”

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