Re-Ciclando con SANTIAGO LAESPADA

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     Ya hablamos hace tiempo de Santiago Laespada en este mismo blog (aquí) y porque sus fotografías nos gustan mucho, y porque lo sentimos también como nuestro, como de la familia, algunas de ellas protagonizarán las portadas de los libros publicados en la colección Re-Ciclados, comenzando con “Alpe d’Huez” de Javier García Sánchez que estará en breve en las librerías. Desde aquí queremos dar las gracias a toda su familia por pemitirnos utilizarlas, y en especial a dos de sus nietos: A Fabian, por descubrirnos a su abuelo; y a Jorge, por escribir estos magníficos textos que nos permiten conocerle mejor.

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Mi abuelo Santi y la bici

Jorge Laespada 

   Supimos que, desde muy joven, mi abuelo Santiago Laespada Amunárriz (Bilbao, 1907— Bilbao, 1992) usó la bicicleta como transporte y como deportista. No obstante, es su fidelidad como excursionista en bici lo que más destacaba siempre de esa relación que tuvo con el biciclo hasta que cumplió los cuarenta. De hecho, el excursionismo en bici es probablemente la mezcla completa de lo mejor del deporte y del transporte. Así, del deporte se elimina el anabolizante de la competitividad –que los mamíferos humanos hemos llevado al paroxismo–, y el simple transporte queda reforzado por la voluntad de ir, llegar, volver, por pura pasión. No es extraño, por lo tanto, que a esa autonomía de movimientos la confundamos, sin culpa alguna, con la plena libertad.

   Mi abuelo sentía un orgullo contagioso de todos aquellos periplos que recorrió para ir a Tudela, a Santander, a Burgos, a Donostia, a Vitoria, a La Trapa. Desde su Bilbao partía en cualquier dirección, lo que quiere decir perfil accidentado, casi siempre para complementar la excursión con un ascenso a una montaña, hoy llamado trekking. Porque durante años esa fue su manera de entender el montañismo: una temprana, tempranísima, misa, bicicleta y con uno o dos acompañantes, excursión en bici hasta, por ejemplo, Orduña. Las aparcaban en un caserío y andando hasta el Txarlazo, cumbre, bocadillo y bajada hasta las bicis. No era de extrañar que, confiado en su fuerza y voluntad, más de una vez, la pájara caníbal le dejase a trescientos metros de su casa, derrumbado sobre el manillar, confiando que un parroquiano le ayudase a bajarse de la bici, y recorrer los cuatro pasos que le separaban de un maná divino: siempre unos huevos fritos con chorizo que le permitían recuperar “la color”.

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   Durante muchos años colaboró con la federación de ciclismo en la organización de carreras y desempeñando labores de juez árbitro. Hay algunos testimonios gráficos de la época, cronómetro en mano supervisando ese extraño caos organizado que es una competición ciclista. No obstante, mi abuelo sentía mucho más deleite contándonos las hazañas de Coppi, Loroño o Gabica que detallando estas labores; labores necesarias pero más cercanas de la burocracia que de las gestas ciclistas que tanto le apasionaban. Su serie de fotografías de juguetes ciclistas y periódicos, además de adivinar una tendencia posterior en fotografía, era un homenaje juguetón a las leyendas de un deporte que tanto ha amado.

   En todas sus salidas llevaba su cámara fotográfica. Y siempre sacaba al menos una fotografía que diera notaria fe de su realización. Salvo que el tiempo lo impidiera, y no era infrecuente, procuraba testimoniar gráficamente un paisaje singular desde una curva del puerto que recorrían, una cumbre pelada por el viento glacial con un cartel que indicaba el lugar y la altitud con respecto al mar, o un simple momento de asueto y complicidad con el compañero frente a una taberna que prometía chimenea y un par de tazas de reparador caldo casero. Algunas rutas dejaban en su buena memoria recuerdos que alguna vez plasmó por escrito. Aunque su debilidad era recorrer las fotografías y procurar unirlas en un relato delicioso donde, él era así, nunca presumía de los esfuerzos, ni de los kilómetros recorridos, ni de las dificultades. Sólo procuraba enhebrar los momentos más placenteros y hacer que el protagonista fuera el paisaje exhuberante, las vistas de águila, las fuentes generosas, las lentejas compartidas con una familia campesina por unos céntimos o por un simple muchas gracias.

   A decir verdad, nos contaba estas andanzas sin nostalgia y sin pretender que nosotros las emulásemos (aunque las pocas excursiones que hicimos de largo recorrido contaron con su abierta complicidad) porque era consciente que las carreteras de los años setenta y ochenta no eran las de los años cincuenta. Así, nos resultaba muy extraño, inimaginable, cuando nos contaba que apenas había circulación en aquellas carreteras, que durante kilómetros y kilómetros sólo escuchabas tus propios resuellos y que alguna vez, aquí su sonrisa alcanzaba sus matices más pícaros, se agarraban a un camión que lentamente les subía el puerto de Barazar. Aquellas carreteras, aquella circulación, aquella manera de hacer kilómetros con los tubulares anudados al pecho habían desaparecido y ni siquiera él tenía nostalgia. Sólo nos decía que había recorrido su laberinto sobre una bicicleta y tenía unas fotografías, estupendas, que lo atestiguaban.

 EL LAZO

 

Unos apuntes biográficos

Jorge Laespada

Santiago Laespada Amunárriz (Bilbao, 1907— Bilbao, 1992) nació un 25 de julio y fue toda su vida un bilbaíno tenaz y entusiasta, orgulloso de la ciudad chica que le vio nacer y a la que acompañó en su eclosión urbana durante todo el siglo XX. Estudió sus primeros años en el Colegio La Salle de Deusto. Su padre, Aquilino Laespada Echave, era un reputado litógrafo de principios de siglo. Y por esa vía le llega su inquietud en las artes plásticas. Aunque él se consideraba naturalmente dotado para otras profesiones, su padre le ordenó encaminar sus pasos a la Escuela Superior de Estudios Mercantiles de Bilbao donde alcanzó el grado de Intendente y de Profesor Mercantil. Antes de opositar y ganar plaza en la Diputación de Bizkaia tuvo varias experiencias como docente, la más destacada en la Escuela de Aprendices de Altos Hornos de Vizcaya. Una vez ingresó en la Diputación opositó al puesto de Depositario de Fondos cuando quedó vacante y donde trabajó hasta su jubilación en 1977.

Participó intensamente en la vida social de Bilbao. Adscrito a varias asociaciones deportivas, culturales y recreativas, dejó su pequeña impronta en la fundación del grupo de montaña de los Luises “Aldatz Gora” en 1926 y en la fundación del Cine Club Fas en 1953, hoy el más veterano de España, y segundo de Europa, según reza en la web oficial. Y aunque perteneció a varias otras asociaciones (desde el Athletic hasta la Abao) sería justo destacar que fue presidente y directivo varios años de la Sociedad Ciclista Bilbaína y juez de la Federación de Ciclismo, un deporte que practicó muchos años, sólo quizá superado por el montañismo, su principal afición deportiva. En las fotografías que se podrán contemplar en la exposición se percibirá esa relación simbólica profunda que siempre tuvo con Bilbao y con la montaña del País Vasco. Su fotografía más conocida, “En el lazo” (Museum Folkwang, Essen, Alemania) acontece en las escalinatas de la Iglesia de San Antón, es decir, en el mismo escudo de la villa. Sus otras pasiones, su esposa Tere, sus cuatro hijos, los veranos en Algorta, la ría de Bilbao, la playa y los viajes tendrán un lugar para la nostalgia y la sorpresa también en la muestra. Y como todo fotógrafo que trabajaba en su temática con pasión y denuedo, hay también imágenes donde se le puede ver especular en los temas que le gustaban, resolver de modo diferente tanto en el disparo como en el laboratorio temas que había hecho suyos y, como hijo del siglo XX, experimentar propuestas estéticas.

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Debemos a la conjunción de una exposición realizada en la Gran Vía de Bilbao (sita a menos de cien metros donde el autor trabajó casi cincuenta años) y de la afición a guardar viejos objetos el redescubrimiento de la obra fotográfica de Santiago Laespada. De la afición a guardar esos restos de los naufragios temporales no diré mucho ya que mi familia soporta este mi desvarío con una suerte de resignación encomiable. La exposición que brillantemente dirigió el comisario de esta muestra, Ramón Esparza, sobre Fotografía Subjetiva (1), fue para nosotros un modo muy hermoso de celebrar el centenario de su nacimiento. Añadir luego el plus que nos supuso contemplar una fotografía de nuestro abuelo entre tantas imágenes ilustres (mi tío Quico nos recordó cómo vio a su padre manipular con algodón el positivado de “En el lazo” contando aquél con unos doce años). Y es que muchas veces los objetos con intención estética, y las fotografías en particular, brillan mejor acompañados de otros. Ofrecen a la mirada del desocupado espectador no sólo un mosaico más detallado y complejo en su conjunto, sino una visión distinta de cada fotografía, con varios niveles de lectura según uno ordene las imágenes y su impacto. Una buena exposición permite varios recoridos y ha de ofrecer al visitante elementos para construir nuevos sentidos e interpretaciones a las imágenes. Sirvan estas líneas para agradecer la labor del señor Esparza para investigar y dar a conocer la producción fotográfica que entre 1940 y 1965, principalmente, desarrolló Santiago Laespada.

Corresponde al comisario de esta exposición engarzar la obra de este fotógrafo, en las corrientes estéticas pertinentes que correspondan. Carezco de la enjundia teórica necesaria para aproximarme con un mínimo de rigor a esta parte del asunto. Sea pues este texto eximido del rigor académico y entendido más bien como una mezcla personal y decididamente intrusa que la contemplación de la fotografía del autor en cuestión, algunas ideas sobre usos artísticos y algunos recuerdos familiares desde fuera que, como en el viejo dibujo de Escher pretendan el paradójico dibujar la mano que dibuja.

No es extraño que Esparza pusiera de manifiesto en la jornada de inauguración de Fotografía Subjetiva, tal y como los medios reflejaron, la ausencia de información sobre el único español en la citada exposición. Santiago Laespada era una persona poco amiga del autobombo. Siempre gustaba quitar importancia a sus talentos y elogiaba con sinceridad y afecto los ajenos. Una forma de timidez, no tengo duda alguna. Además su visión cristiana y ascética de la vida le dirigía decididamente fuera de los focos más voraces. Los cargos que desempeñó los llevó adelante con la mínima dosis de ostentación y –a pesar que muchos de sus contemporáneos y muchos más de los nuestros no estén de acuerdo– no dejaba mucho sitio para el orgullo personal, ni para la alabanza propia, desordenada y presuntuosa. Hay otro factor importante que, en mi opinión, favorece mucho la ocultación de su figura y que es común a todo el sector de la fotografía. La decadencia de los antiguos circuitos de fotografía (de los clubs fotográficos, de cómo se enseñaba antes la fotografía y de la volatilidad e irregularidad de los concursos) de aquellos años ha traído como consecuencia la pérdida irremediable de datos. Desconozco si ha habido iniciativas públicas o privadas en cuanto se detectó este declive, para recopilar y documentar este universo de la fotografía de los años cuarenta y cincuenta, pero confieso no haber tenido noticia.

Santiago Laespada participó en muchos concursos de fotografía en los años cuarenta y cincuenta, ganando diversos galardones, en varias categorías, en especial fotografía sobre montaña. Al final he listado los concursos de fotografía que hemos podido verificar que obtuvo galardones. Publicó sus fotografías en algunas publicaciones. Como por ejemplo, en los primeros números de la revista institucional “Vizcaya” que la Diputación desde 1954. Y alguna vez acompañados de artículos donde daba cuenta de alguna excursión por la montaña.

No recuerdo haber estado con él nunca, fuera del contexto cotidiano, sin la cámara de fotos. Cualquier alteración de la vida cotidiana, bien sea una excursión montañera de medio día, un asistir a una procesión religiosa cerca de casa, o cualquiera de los viajes que gustaba hacer, la cámara de fotografía eran un estorbo necesario que incorporaba a su figura paseante. Formado en la austeridad técnica de la posguerra siempre llevaba un equipo básico que consistía en la cámara, su funda, el fotómetro y un carrete de recambio o dos. Más adelante cuando comenzó a usar cámara réflex y, casi siempre por regalos de sus hijos, se hizo con un equipo completo; pero él prefería el equipo básico y verificaba la medición de la luz siempre con el fotómetro de mano. Antes incluso de la réflex comenzó a filmar con tomavistas en super 8, principalmente eventos familiares y viajes fuera de Bilbao. Nunca faltó la cámara en todas las excursiones montañeras que hicimos y nunca dejamos de sacar alguna fotografía, especialmente en las cumbres, testigo eterno del hito conseguido.

Nada de su producción en color a partir de 1970 se verá en esta muestra. Su trabajo, sus publicaciones y sus galardones se ciñen a la fotografía en blanco y negro hasta 1965. Como tantos fotógrafos disparar fotografías era la mitad del trabajo final. El laboratorio que montaba en su domicilio era la segunda mitad de cada fotografía. En los contactos que hemos conservado y en sus anotaciones en las libretas se puede ver una manera de trabajar meticulosa, ordenada y muy sistemática. Sobre los contactos planificaba qué partes del negativo quedaban descartadas, recuadrándo la ampliación final con rotulador y, a veces, corregía incluso la orientación para darle un ángulo distinto. Una labor de extraer de cada instantánea la idea original y, también, dejar el margen para que la sorpresa o el azar alguna vez sorprendiera con un resultado no definido con la nitidez del disparo, que se manifestaba en el positivado.

Relación de premios obtenidos en concursos de fotografía.

1943 I Concurso Exposición de Fotografía del Club Deportivo Bilbao.

1944 Premio Nacional de Fotografía. (Galardón sin especificar)

1953 Salón del Fotografía de Montaña. Club Deportivo Eibar. Eibar.

1954 Tajahierro fotografía. 1954

1957 A.F.G. IV Cso. Nal. Ftfia. Ultima col. recibida. Vigo 1957.

1957 Agrupación fotográfica Gallega. IV Concurso Internacional de Fotografía. Vigo 1957

1959 II. Salon Regional Fotografía de Montaña.

También fue galardonado en varias ediciones certámenes de fotografía del club Deportivo de Bilbao pero no disponemos de datos precisos.

(nota 1) La exposición Otto Steinert & Cía. Fotografía subjetiva fue organizada por la Fundación BBK, y estuvo expuesta en la Gran Vía 32, desde el 23 de mayo al 13 de julio de 2007.

 

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